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CUARTA JORNADA

Soledad, esfuerzo, confidencias

Ficha técnica:

  • Salida: La Roca. Roda de Isábena
  • Final: Merli
  • Kilómetros recorridos: 23
  • Desnivel: 750 m

Hoy nuestro destino se trata de un lugar muy especial para nosotros, los arqueólogos. Merli está situado en una altiplanicie, a 1250 m de altura, que avena tanto al río Ésera como al Isábena y que conforma el conocido como “Valle de Lierp”. Es una localidad que apenas se conforma por un humilde caserío, rodeado de campos fértiles y pastos frescos. El rebaño permanecerá aquí aproximadamente unos doce días, dado que Ramón nació en esta tierra y aquí conserva una casa, algunas otras propiedades y pastos que las ovejas van a aprovechar con fruición antes de adentrarse en alturas por encima de los 1500-2000 m. Con ciertas diferencias, la ubicación de Merli nos recuerda al entorno de la Cueva de Els Trocs: zonas de pasto, tierras fértiles y un paisaje plagado de restos arqueológicos y, en particular, prehistóricos. Aquí hemos conocido a Ramón Ballarín, quinto y amigo de “nuestro” Ramón, que, con un verbo fácil y con gran entusiasmo, ha conseguido que nos invada la emoción al hablarnos de La Coveta, La Espluga, Las covas de Ventosa, el Cantal de las Diez, la roca de Los Moros… Todo suena a Prehistoria. Esperamos que en las próximas entradas del blog os podamos hablar de interesantes hallazgos en estos lugares.

En esta entrada os queremos comentar, la sensación que Jesús Sesma, nuestro infatigable fotógrafo y amigo, ha compartido con nosotros: Soledad. Llevamos cuatro días caminando de sol a sol y no hemos visto, prácticamente, a nadie por el camino. Ramón lleva cuarenta y dos años haciendo esta misma ruta y, probablemente, durante todo ese tiempo apenas se haya cruzado con unas pocas personas. Jesús ha estado reflexionando, en voz alta, sobre la Soledad del pastor, sobre sus pensamientos y sus respuestas escuetas, directas y lacónicas, sus largos y sobre sus densos silencios a nuestras preguntas. Todo es fruto de una profunda reflexión consigo mismo a lo largo de numerosas horas y kilómetros de soledad. Al mirar a Ramón ves una vida de recuerdos, de Esfuerzo, de trabajo y, a su vez, llena de naturalidad, humildad y sensatez.

Hoy comiendo, Ramón, de por sí lacónico, se ha animado a contar algún chiste (bueno, por cierto) y algunas historias de su vida como trashumante. Ha estado dos veces al borde de la congelación. En septiembre, ya entrando en tiempo de “otoño invernizo”, justo antes de que el rebaño inicie el regreso a sus “cuarteles de invierno”, ocurre a veces que la nieve se adelanta en trombas de ventisca. En una ocasión, siendo mozo y cuando aún no existían los modernos sacos de dormir, le pilló una noche, cerca de Viella, una tormenta demasiado dura que le generó síntomas de congelación. Le hemos preguntado qué sintió en ese preciso momento, cuáles fueron sus pensamientos en una situación tan extrema. Su respuesta ha sido tan lógica como ingenuas nuestras preguntas: “que venga el día, nada más pensaba en que se hiciera de día”. Sólo importaba que la naturaleza siguiera su curso… un poco aceleradamente, de ser posible, en aquella ocasión.

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