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DUODÉCIMA JORNADA

Volando sobre los parapentes.

La mañana despertó espléndida aunque un poco fria, lo que no era de extrañar porque nos encontrábamos a 2380 metros sobre el nivel del mar. La noche que empezó con un vendaval de aire que casi nos tumbó las frágiles tiendas de campaña, se pasó, no obstante, con cierta tranquilidad y a salvo de sobresaltos de todo tipo de animales.

Enseguida comenzó la marcha para la mayoría del grupo mientras María y yo desmontábamos todo el campamento y partíamos hacia el punto de destino de la jornada, por un camino peligroso y largo, muy largo, más de 16 kilómetros. Enseguida, al enfilar la cara sur del Gallinero divisamos a las ovejas que “volaban” por encima de las pistas por donde despegan los parapentes. La imagen era muy hermosa e lustrativa de las pendientes y alturas que deben superar los rebaños en su peregrinar anual a los pastos de verano. Pudimos hacer bellas imágenes de los parapentes delante del Turbón y a la altura de la cueva de Els Trocs.

Una vez superado el Gallinero el rebaño y todo el grupo, siempre por encima de los 2000 metros, se adentró en un paisaje especial con unas panorámicas idílicas del Valle de Benasque, de todo el Macizo del Poset y de la Maladeta; paisajes sobrevolados durante buena parte de la jornada por bellos aparatos de vuelos sin motor. El día devino tórrido y asfisiante por la ausencia de cualquier mancha de vegetación, sensación que se superó al tomar agua, al decir de los pastores, de la fuente más fria del Pirineo.

En el tramo final del trayecto, llegando a Cerler, las pistas de esquí han ocupado parte de la cabañera y todo el grupo tuvo que descender entre remontes, depósitos de agua y cañones que la convierten en nieve artificial.

Este hecho me sirve para reflexionar sobre  la coexistencia pacífica de actividades ancestrales como la trashumancia y otras más propias de nuetra sociedad del ocio. Desde luego es un ejemplo claro de complementariedad de actividaes y de intereses. Las pistas se aprovechan en invierno, cuando el rebaño debe estar en sus cuarteles del llano y, durante el verano, las pistas crean un pasto de alta calidad que sirve para el alimento de la cabaña ganadera cuando en el valle la hierba espiga y se hace imposible para el animal. Resultaba curioso, interesante y atractivo ver a todo el grupo bajar por las pistas de esquí seguidos del rebaño que ramoneba con fruición la hierba sobre la que volarán, en unos meses, “otros rebaños de esquiadores”…..me hubiera gustado ver a lo largo del camino esta imagen en más ocasiones, sin embargo la realidad ha sido bien distinta y tengo la impresión de que nadie se ocupa de esta actividad que tanto definió una forma de vivir y de estar en el mundo en épocas pasadas. Por eso valoro mucho más ahora todo el esfuerzo que Jesús Garzón está haciendo desde su asociación Trashumancia y Naturaleza para que no se pierda esta costumbre y se cuiden y recuperen las cabañeras que, no lo olvidemos, estaban ahí mucho antes que las pistas de esquí y que los nuevos sistemas de cultivo que han eliminado sus trazados.

Con esta jornada llegamos a nuestro destino final. La foto de todo el equipo con los pastores pone fin a esta aventura y nos llena de nostalgia por las experiencias vividas. Pero no vamos a dejar de contaros nuestra experiencia y las próximas actividades que abordaremos como la excavación de la cueva de Trocs. Comenzamos los trabajos en la cueva el próximo día 15 de Julio y podreis seguir, en este mismo Blog todo el proceso de excavación prácticamente en directo ya que a diário os informaremos con pequeños resúmenes, fotos y videos de todo lo que acontezca en el proceso de excavación de la cueva. ¡¡Pues ya sabeis, este verano teneis arqueología en directo. Espero que sigais  compartiendo nuestras experiencias!!!!!.

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