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NOVENA JORNADA (tercera entrada)

Esfuerzo máximo, extenuación.

Hoy, quizás para muchos de nosotros, haya sido el día más duro de nuestras vidas. Una vez colocados los cencerros a los “chotos”, iniciamos la jornada más larga y más dura de toda la travesía, que nos llevaría desde Merli hasta las faldas del Turbón,a 1780 metros de altitud absoluta sobre el nivel del mar. Para ello, desde Merli ascendimos hasta la cota 1530, desde donde divisamos el Valle de Lierp, el imponente macizo del Turbón y, a su derecha, el Paso de las Aras.

Iniciamos el descenso desde los 1530 metros hasta el Barranco de Villacarli, que se encuentra a 830 metros sobre el nivel del mar. La cabañera original discurría en línea recta desde Merli hasta las Vilas del Turbón, pero el descuido y el progresivo abandono o falta de uso de las cañadas, han hecho que la vegetación imposibilite discurrir por ellas y por tanto hacer jornadas más cortas y rectas. En su lugar, hubimos de dar un gran rodeo; descender hasta Villacarli por una infernal cabañera plagada de piedras de pequeño y mediano tamaño, para volver a ascender hasta los 1780 metros, ya cerca del Paso de las Aras  que se encuentra a 1904 m. s.n.m.

Si sumamos ascensos y descensos, acumulamos casi 2000 metros de desnivel que se nos hicieron eternos y durísimos, especialmente la enorme ascensión desde Villacarli hasta el campamento que establecimos en la falda del Turbón y que recorrimos con todo el equipamiento desde las 16,30 hasta las 21,30 horas. El caminar se hizo más épico por nuestra imprevisión en la cantidad de agua que acarreábamos y en el alimento, pues ambos fueron escasos.

Al final, después de montar las tiendas en un lugar idílico, cenamos con Ramón y Victor. Como no llevábamos pan le dijimos a Ramón que no importaba, que comeríamos el embutido sin más. Su respuesta fue nítida:…”no es de amigos no compartir el pan”. Sacó la hogaza de su zurrón, con la punta de la navaja dibujó una cruz en la corteza del pan, como siempre hacía, y repartió buenas rebanadas entre nosotros…

Justo cuando apenas habíamos acabado de cenar, unos rayos seguidos de sus correspondientes truenos a los que no tardaron en acompañar unas gruesas gotas de agua, hizo que levantásemos la velada y llegáramos a las tiendas con el tiempo justo para que el chaparrón, el granizo, los rayos y los truenos nos arrullaran hasta quedarnos dormidos….

Por otra parte, el día había sido agradecido con nosotros y la Arqueología. A mediodía, antes de comer, mientras las ovejas y el pastor descansaban, descubrimos con los prismáticos unas oquedades que nos parecieron muy aptas para la ocupación humana prehistórica. Subimos nuevas pendientes y llegamos a unos encerraderos naturales de ganado en donde hallamos algunos restos de cerámicas y ciertos trazos de pintura en las paredes en los que quisimos ver la levantina figura de un arquero con las piernas completamente abiertas. Futuros análisis más detenidos y la aplicación de filtros a las fotografías obtenidas nos aclararán, supongo, nuestras dudas actuales. Del mismo modo, justo en el camino de bajada a Villacarli, hallamos una lámina de sílex completamente retocada y con el extremo proximal fracturado justo en el lugar en el que inflexionaba para formar un perforador, pieza habitual en yacimientos del Neolítico Antiguo.

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