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Reflexiones de David

Una vez finalizada la primera parte de nuestro viaje, Manolo nos ha pedido a todo el equipo unas pequeñas reflexiones acerca de lo que nos ha parecido esta experiencia y hoy me toca a mi. No resulta fácil expresar algunas de las sensaciones vividas estos días,  pero intentaré explicar algunas de ellas brevemente.

La vertiente arqueológica del proyecto es clara, hemos realizado una prospección durante la ruta que hemos compartido con Ramón Costa, nuestro pastor, y hemos podido identificar restos y evidencias arqueológicas, sobre todo las referentes a la Edad del Hierro que han sido las más numerosas.

No obstante no ha sido la vertiente arqueológica la que más ha calado en mí durante este viaje, sino la vertiente humana o antropológica. Tengo la profunda sensación de haber presenciado una actividad más propia de tiempos pasados, como ya hemos comentado en numerosas ocasiones, una forma de vida que agoniza.

Es precisamente ese abismo cultural el que más me ha impactado estos días. Al igual que a todo el equipo, a mi también me costo un poco entender los tiempos del pastor, o mejor dicho, los tiempos que marcan las ovejas. Al comprobar la dureza de la ruta, el enorme cansancio que supone iniciar la marcha a las seis de la mañana y no culminarla hasta las nueve y media de la noche, la ausencia de caminos o en este caso cañadas habrá quien pueda preguntar: ¿y no sería más fácil llevar al ganado en camión hasta Benasque? Son precisamente este tipo de cuestiones las que ponen de manifiesto que vivimos en mundos diferentes. Esta pregunta puede ser muy lógica o evidente, pero pone de manifiesto el profundo desconocimiento que tenemos sobre este tipo de actividades o mejor dicho, sobre este modo de vida.

Yo mismo he de decir que soy una persona aficionada a las actividades de montaña, que andar por el monte no es algo nuevo para mí, incluso con ausencia de caminos, pero nunca lo había hecho de esta forma. Mi caminar siempre ha tenido como finalidad rebajar mis propios tiempos, forzar la máquina para alcanzar la cima, sin embargo, en esta  experiencia he podido comprobar que todo eso sobra. El animal tiene su ritmo y su meta son los frescos y verdes pastos de la montaña. Únicamente la naturaleza les detiene cuando el sol impide el caminar o cuando la noche  le  dificulta.

Otro aspecto que no quiero dejar pasar es la pasta de la que está hecho Ramón, personalmente no sé cuál es, pero querría un poco de ella para mi. Es sorprendente ver cómo alguien de setenta años realiza la misma ruta que nosotros sin parecer más cansado. No lleva nuestra equipación; modernas ropas, sacos de dormir…etc y le sobra todo. Recuerdo la segunda noche en la que algún miembro de nuestro equipo medio enfermó por el frío de la noche a pesar de nuestras tiendas, sacos y aislantes, mientras que Ramón, con su zurrón realizado con un vellón de lana, su paraguas de madera y una manta, he de decir que no muy gorda, sólo hablaba de que había hecho un poco más de fresco. Su estoicidad, su resistencia, su total compresión de qué es lo que tiene que ser y punto, es algo que a mí personalmente me maravilla y como ya le dije a él personalmente lo repito aquí: ¡yo cuando llegue a los setenta años quiero llegar como tu!

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