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Reflexiones de María

Reflexiones tras la primera parte de la ruta.

El equipo ha regresado a casa.

He vuelto a pisar el acelerador delante de un semáforo en ámbar, he vuelto a apretar mi agenda hasta que a la semana ya no le quedan líneas en blanco y la conexión 4G ha vuelto a instalarse en el extremo superior izquierdo de la pantalla de mi teléfono móvil. Exactamente igual que antes de embarcarnos en la aventura MEDELCA. O quizás no. Porque durante la pasada semana, y mientras anduvimos por las cañadas que van de Monzón a Merli junto a Ramón, pudimos participar de un tiempo más calmado, del ritmo del “no tiempo”. Y eso, al margen del objetivo arqueológico del proyecto, ha tenido un trasfondo personal en mí y, estoy segura, también en el resto de mis compañeros.

No dudé ni un instante en aceptar formar parte de este proyecto. La Cueva de Els Trocs ha hecho que nos formulásemos tantas preguntas a lo largo de estos años de excavación… Me pareció una excelente idea conjugar nuestra labor como arqueólogos con la sabiduría popular del mundo de la ganadería ovina y de la trashumancia para intentar reconstruir las rutas de los primeros pastores neolíticos de la Cueva de Els Trocs, 7000 años atrás. Quiero dar las gracias a Manolo por embarcarme, desde 2009, en las campañas de excavación de la cueva y por hacerlo también en esta experiencia. Pero también al resto de mis compañeros y amigos con los que he compartido esta parte de la ruta: Héctor –contigo empezó todo-, Íñigo, Jesús, David –qué decirte-, por todos los momentos compartidos, tantos de trabajo y tantos de risas y solidaridad. Ya sabéis que no tenemos ningún problema en ser normales, pero la locura es mucho más divertida.

Quiero hacerme eco de la protesta que hemos ido expresando en el blog en entradas anteriores. La cabañera que seguimos no tiene una conservación ni un mantenimiento adecuados en algunos de sus tramos. A pesar del supuesto amparo legal con el que cuenta una actividad milenaria como es la trashumancia, hemos vivido en nuestras propias carnes lo duro que es recorrer tramos de camino inexistente entre maleza o tener que desviar nuestro recorrido porque un coche bloqueaba la cañada. Ante estas circunstancias, y otras que Ramón nos ha ido explicando a lo largo de la ruta, es fácil entender cuando, con un ademán de desesperación en plena marcha, nos comenta que está desesperado y que “parece que todo esto pase porque tenemos que desaparecer”. Al ser conscientes de esta situación y ver sus ojos cansados -del día y de la vida- te invade la tristeza y la impotencia y sólo puedes responder a sus lamentos con una mueca de frustración, porque las palabras no salen.

Sin embargo, esta sensación de impotencia se tiñe de esperanza tras conocer a Judith, la joven pastora que hemos conocido en Merli. Ella grita las mismas injusticias que Ramón comparte con nosotros pero ahoga en silencio. En nuestro regreso a casa nos encontramos con otro rebaño encabezado por un joven pastor que se dirigía hacia los pastos del Aneto. Ambos son testimonio de la energía de una nueva generación de pastores trashumantes, escasa pero viva. Gracias también a ellos por darle voz a los que ya no pueden alzarla.

Antes de terminar, me gustaría enviar un sincero agradecimiento a toda la gente que ha seguido el día a día de la ruta MEDELCA a través de nuestra página web y de las redes sociales. Ha sido tremendamente gratificante comprobar que algunas de nuestras publicaciones han sido visualizadas por cientos de personas. Nos encanta compartir lo que hacemos porque, en nuestra opinión, ninguna investigación científica tiene sentido si no se pone al servicio de la ciudadanía.

En unos pocos días, reanudaremos el camino junto a Ramón y sus 1800 ovejas con el objetivo de alcanzar las cumbres más altas y los pastos más frescos del Pirineo. Ya estoy preparando mi mochila y la lista de cosas para llevarme. Y sabéis qué… voy a dejar el reloj en casa.

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