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TERCERA JORNADA

Respeto mutuo, solidaridad, soledad, enojo e impotencia.

Ficha técnica:

  • Salida: Torres del Obispo
  • Llegada: La Roca. Roda de Isábena
  • Kilómetros recorridos: 22
  • Desnivel: ascenso hasta 950 m durante la primera parte de la jornada; descenso a 750 m durante la segunda

A las 5:30 hemos levantado el campamento. Las ovejas ya estaban inquietas y hemos tenido que frenarlas. Ellas saben perfectamente cuál es su meta, conocen el premio y, por supuesto, el camino y sólo anhelan los pastos frescos y tiernos de la montaña.

No eran aún las 6:15 cuando hemos iniciado la jornada, en dirección hacia el cegador sol de la mañana que se esforzaba por abrir las nubes detrás de las montañas para volver a inundar todo con su luz. Hemos dejado Torres del Obispo para enfilarnos hacia los acantilados por los que descenderemos para retomar la senda del río Isábena. Ya no se nota el nerviosismo entre el ganado ni su falta de apetito por la ausencia de agua en el trayecto. Ahora podrán beber cada poco ya que, al ir a la vera del río, ramonearán con avidez en sus orillas.

Ayer todo el equipo estuvimos comentando y compartiendo las sensaciones personales de cada uno. María volvió a insistir en el Respeto mutuo que se observa entre el rebaño y el pastor, como si existiera una interconexión casi humana. De hecho, la función de Catalán, el perro, únicamente consiste en frenar a las primeras ovejas del rebaño con sus ladridos. El resto es tarea de la voz, la mano, el gesto y la mirada de Ramón. El Respeto que parecen sentir las ovejas hacia el pastor sólo es comparable a la dedicación y al cariño que éste siente por ellas. María también insistió en la idea de que el ritmo de la marcha y, en general, de la vida del pastor no es el mismo que el nuestro. El tiempo de Ramón no es nuestro tiempo. Nosotros estamos inmersos en una frenética vida moderna, intentando comunicarnos en tiempo real a través de las redes sociales, intentando llegar a todos los sitios que, muchas veces, resulta ser a ninguna parte. Ramón sabe dónde va y Catalán y sus ovejas le acompañan, siguiendo siempre un ritmo sosegado.

Héctor se ha sorprendido de la enorme Solidaridad existente entre los pastores. Bien es cierto que sólo nos hemos encontrado con gente en los cruces de carreteras o cuando nos acercábamos a algún pueblo, pero en esos momentos el soniquete de los cencerros y de las esquilas del rebaño obra como toque a “arrebato eclesial” y la gente acude a cada cruce dificultoso. Héctor también ha observado que el camino, cuando existe, sólo está trazado por el uso de los pastores y por el paso de los animales. La pena es que cuando las ovejas desaparezcan, la Naturaleza ocupará su sitio.

Al final del día, el malestar de Ramón y de todo nuestro grupo se ha hecho manifiesto dado el estado de la cabañera… bueno, más bien por su inexistencia. Nos resulta increíble el desdén de la Administración con respecto a la conservación de estas rutas milenarias. Estamos surcando una Cañada Real que, por momentos, no existe. Las zarzas han invadido todo el camino y 1500 ovejas tienen que pasar, en muchas ocasiones, de una en una por estrechos senderos entre escaramujos, zarzas y pequeños matorrales. En esos momentos, la sensación de Impotencia y Enojo se adueña de nosotros. Estamos viviendo, sin duda, los últimos estertores de una actividad que tanto rédito ha dado a España en el pasado, pero que ahora está siendo abandonada. Es posible que, algún día, todos lo lamentemos.

Por otro lado, es muy difícil localizar restos arqueológicos en un terreno tan escarpado y erosionado como el que hemos recorrido en esta jornada. Únicamente hemos documentado algún hallazgo aislado de cerámica prehistórica, de cronología indeterminada, y un posible yacimiento de época tardoantigua.

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