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UNDÉCIMA JORNADA (primera entrada)

Tragedia y orgullo en el Contador de Rins.

A pesar de que junto a Ramón y Victor íbamos 6 personas, muy de mañana, justo al salir de San Valeri, aparecieron Joaquín y Ramón Ballarín. No entendíamos muy bien cómo, para pasar “un estrechamiento” por donde las ovejas deben pasar de dos en dos se precisaba tanta gente. La respuesta era muy sencilla; éramos mucha gente, pero muy pocos pastores.

El Contador de Rins es una trampa mortal para un rebaño mal dirigido, una auténtica ratonera. La cabañera, no excesivamente ancha metros antes, se estrecha bruscamente hasta menos de 2 metros a la vez que gira 90º al noreste, dejando a su izquierda un pequeño barranco. Justo cuando el rebaño se acercaba al contador, se olvidó de su paso parsimonioso y, como si las puertas del paraíso se fueran acerrar de repente, se precipitaron hacia el vano en una frenética estampida. Vivimos entonces escenas dramáticas; ovejas empujado a ovejas, ovejas a personas, ovejas cayendo al barranco, personas protegiéndose detrás de robustas matas de boj…voces, muchas voces y aspavientos que pretendían frenar la acometida de nuevas ovejas.

En este caos surgieron Ramón Ballarín, Joaquín y Víctor que contenían a la parte del rebaño retrasado y a los que inmediatamente imitamos para que todas las ovejas siguieran indemnes su camino hacia su cielo particular y anual: los pastos de Literola.

Pero la calma que sobreviene a la tempestad no fue tal. En el fragor de la conquista había un damnificado: un magnífico ejemplar en su caída al barranco había metido las patas entre el borde de éste y un tronco de Boj y permanecía inmóvil con las dos patas traseras rotas. Una vez rescatada del barranco tuvimos que trasladarle hasta los vehículos que no quedaban cerca. Era difícil, la oveja era muy grande y pesada, sin embargo Miguel se cargó el ejemplar a hombros y con algo de ayuda descendió la pendiente. El orgullo me sobrevino cuando pregunté a mi hijo si iba bien y la respuesta, hasta en dos ocasiones, fue nítida: ……“perfectamente, sólo me da mucha pena la oveja”.

Elorgullo se siente, también, cuando Palomera (Ramón Ballarín) alaba nuestra actitud y reconoce que sólo la colaboración de todo el grupo evitó una auténtica masacre de ovejas. En realidad nosotros no hubiéramos sabido afrontar la situación, el ejemplo de Víctor, Joaquín y Palomera, nos enseñó.

Pero me surge una pregunta que tiene fácil respuesta, pero ninguna solución. ¿Por qué se ponen tantos problemas a la trashumancia? ¿Por qué no se cuida la cabañera?

El “contador de Rins” pudo haber supuesto una tragedia (como ya ocurriera años atrás cuando fallecieron hasta 200 ovejas), tragedia fácilmente evitable con un poco de buena voluntad y mínimo esfuerzo para los avances tecnológicos actuales. Nada costaría ampliar un poco el contador para que pasase un rebaño en condiciones normales. Las buenas palabras, los reconocimientos administrativos de las cabañeras como Bienes de Interés Cultural, el reconocimiento  de esta actividad milenaria como patrimonio inmaterial de la humanidad no son más que palabras huecas a la hora de actuar.  En alguna entrada posterior incidiré más en esta cuestión. Ahora, para no cansar os dejo con las magníficas fotografías y con el vídeo que, avisamos, puede resultar dramático y duro.

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